Una conmemoración que, entre 2026 y 2028, recordará el nacimiento de un proyecto misionero que transformó un monasterio de clausura de Bizkaia en una congregación presente hoy en los cinco continentes.
El origen de esta historia se remonta al 19 de septiembre de 1926, cuando seis religiosas partieron desde Berriz con destino a Wuhu (China).
Aquel viaje marcó un antes y un después para la comunidad mercedaria y supuso la apertura definitiva de la clausura del Monasterio Mercedario de la Vera Cruz, fundado en 1541. En apenas dos años, nuevas expediciones llevaron la misión a Saipán (Islas Marianas), Tokio (Japón) y Pohnpei (Islas Carolinas). Así, se dio forma a un instituto misionero con vocación universal.
Un impulso de Margarita López de Maturana
La iniciativa de esta transformación nació de Margarita María López de Maturana. Ella fue gestando durante su vida contemplativa el deseo de anunciar el Evangelio más allá de los muros del monasterio. Además, su convicción de llevar el mensaje de Jesús «a quienes Él me ha encomendado, que es el mundo entero» fue compartida primero por las alumnas del Internado de Berriz —donde surgió la primera asociación misionera juvenil de España—. Posteriormente, toda la comunidad religiosa comulgó con la idea.
Un siglo después, la Familia de las Mercedarias Misioneras de Berriz (MMB) —integrada por hermanas y laicado— mantiene vivo ese legado bajo el lema «Cruzando fronteras para dar vida». Esta expresión conecta la memoria de los orígenes con los desafíos actuales de la misión. Actualmente, «esas fronteras no son únicamente geográficas, sino también sociales y humanas: la exclusión, la soledad, la pérdida de esperanza o las nuevas formas de vulnerabilidad», señalan las hermanas.




